Un estudio reciente realizado por la North Dakota State University, en Estados Unidos, puso bajo la lupa a las tablas plásticas de cortar por el desprendimiento de microplásticos durante su uso cotidiano. La investigación comparó tablas de polietileno y polipropileno con tablas de madera, midiendo la cantidad de partículas liberadas tras múltiples cortes.
Los resultados indicaron que las tablas de polietileno pueden liberar entre 1 y 14 microplásticos por corte, mientras que las de polipropileno entre 3 y 15. Estimando un uso anual de 128.000 cortes, la exposición acumulada podría alcanzar entre 7,4 y 50,7 gramos de microplásticos al año.
En pruebas preliminares con células de ratón no se detectaron efectos agudos, pero el estudio sirve como una señal de alerta sobre la posible exposición humana a estas partículas.
Perspectiva de organismos internacionales
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha abordado la presencia de microplásticos en el agua potable, tanto de red como embotellada, señalando la necesidad de más investigaciones para comprender los riesgos a la salud y definir medidas de gestión adecuadas.
Los microplásticos son considerados un contaminante emergente presente en el ambiente, con múltiples fuentes que incluyen aguas residuales, envases y sistemas de distribución, lo que amplía el problema más allá de las tablas de cortar.
Debate y desafíos
El desgaste visible en las tablas plásticas genera la liberación de partículas que pueden quedar en la superficie, el cuchillo o los alimentos. Aunque la evidencia confirma la exposición cotidiana a microplásticos, aún no existe consenso científico sobre el impacto concreto en la salud humana a partir de las cantidades habituales que se ingieren.
La OMS destaca que persisten incertidumbres sobre el tamaño de las partículas, su comportamiento dentro del organismo y los efectos de una exposición prolongada, por lo que el tema sigue siendo objeto de estudio y preocupación en la agenda científica.