Durante el verano, es común que surjan dudas sobre si una persona con infección urinaria puede meterse a una pileta, lago o al mar. Según especialistas, nadar no empeora ni favorece la aparición de una infección urinaria ya diagnosticada, aunque puede intensificar algunas molestias.

La uróloga Emily Slopnick, citada por Cleveland Clinic, explica que las infecciones urinarias, especialmente las vesicales, no son contagiosas y que el contacto con el agua no representa un riesgo para otras personas. Además, aclara que el cloro y otros productos usados en piletas no causan ni agravan estas infecciones, aunque pueden irritar la zona sensible y aumentar la sensación de ardor.

Las molestias pueden intensificarse por factores asociados a la natación, como permanecer con la malla mojada, que genera un ambiente cálido y húmedo, o la fricción durante la actividad. Sin embargo, estos factores no modifican el curso de la infección bacteriana.

Es importante destacar que no todos los síntomas urinarios o genitales se deben a infecciones urinarias. Algunas afecciones vaginales, como candidiasis o vulvovaginitis, pueden desencadenarse por la exposición al agua y requieren un diagnóstico adecuado para evitar tratamientos innecesarios con antibióticos.

La recomendación principal es que la persona evalúe su estado general antes de nadar. Si presenta síntomas que indiquen un cuadro más grave o compromiso renal, debe evitar el agua y consultar a un profesional de salud.

Por último, la mayoría de las infecciones urinarias se originan por bacterias del tracto gastrointestinal que ingresan al tracto urinario, por lo que el agua no suele ser la causa principal. En casos de infecciones recurrentes o sensibilidad al nadar, existen medidas para minimizar las molestias y disfrutar de la actividad con mayor confort.