Brad Pitt calificó su experiencia en la película Troya como un proceso que le cambió la vida por completo, pero no de manera positiva. En una entrevista con Vanity Fair en 2004, el actor relató que para interpretar a Aquiles tuvo que someterse a una estricta dieta y un entrenamiento físico intenso que duró un año entero.

“Se supone que era el guerrero más grande de todos los tiempos. Cambié mi vida por completo. Dejé de fumar, y déjenme decirles, era un fumador profesional y todavía lo extraño”, confesó Pitt. Según recogió la revista Men’s Health, el actor describió el proceso como brutal y agotador, con jornadas de entrenamiento que duraban 24 horas al día, siete días a la semana.

Para lograr el físico del héroe griego, trabajó con el fisioterapeuta y ex Navy Seal Duffy Gaver, quien diseñó un plan basado en fortalecer la espalda, hombros y brazos, inspirándose en la musculatura de los luchadores grecorromanos.

Además del desgaste físico, Pitt expresó su descontento con el rodaje y el resultado final de la película. En una entrevista con The New York Times en 2019, comentó que aceptó el proyecto por compromiso con el estudio, pero que la película se volvió demasiado comercial y perdió el misterio que él esperaba.

El compromiso con Troya también lo llevó a rechazar otro proyecto con los hermanos Coen, lo que marcó un punto de inflexión en su carrera. Desde entonces, decidió enfocarse en historias de mayor calidad, un cambio que definió su siguiente década en el cine.