Las temperaturas en el planeta no aumentan de manera uniforme. Mientras algunas regiones se calientan más rápido que el promedio global, otras presentan comportamientos distintos o incluso períodos de enfriamiento local. El Ártico es un claro ejemplo, con un calentamiento que supera el doble del promedio mundial en las últimas décadas.
Según datos del Copernicus Climate Change Service (C3S), desde mediados de los años 90 el Ártico se calentó aproximadamente 0,69 °C por década, frente a 0,26 °C del promedio global. Este fenómeno se atribuye a mecanismos como la amplificación del deshielo y cambios en la circulación atmosférica.
Un equipo del Max Planck Institute for Meteorology (MPI-M) desarrolló una metodología para detectar la influencia humana en los cambios de temperatura regionales desde 1850. Publicado en Science Advances, el estudio analiza cómo el calentamiento global provocado por la actividad humana se manifiesta de forma diferente según la región, lo que aporta nuevas perspectivas para comprender la relación entre las emisiones y el clima local.
Huella humana en el cambio climático regional
El trabajo concluye que el aumento actual de la temperatura global responde principalmente a la actividad humana y no a causas naturales. Para ello, compararon los cambios de temperatura en distintas regiones con el incremento promedio global, utilizando datos históricos y modelos climáticos.
El estudio identificó una "huella observada" de la acción humana en varias zonas del planeta, aunque con diferencias regionales. Por ejemplo, el sudeste del Pacífico y partes del Océano Austral mostraron enfriamiento, mientras que el Atlántico Norte subpolar no evidenció el calentamiento previsto por los modelos. Estas variaciones plantean interrogantes sobre la precisión de las proyecciones climáticas regionales.
En el Ártico, la temperatura aumentó rápidamente desde mediados del siglo XX, con una desaceleración temporal entre fines de los 90 y principios de 2010 atribuida a variaciones naturales, aunque la influencia humana permanece clara. En contraste, en algunas áreas del Océano Austral y el Atlántico Norte subpolar, el calentamiento humano aún no se distingue claramente de las fluctuaciones naturales.
Metodología y aplicaciones
Los investigadores aplicaron una técnica de detección y atribución desarrollada por el Nobel Klaus Hasselmann, que consiste en determinar si un cambio climático regional supera la variabilidad natural y luego identificar su causa. A diferencia de estudios previos basados principalmente en modelos, esta investigación utilizó datos reales de temperaturas desde 1850, vinculándolos con el promedio global para observar con mayor detalle la manifestación del cambio climático antropogénico.
Este enfoque permite medir la confianza en los resultados y estimar cuántos años de datos son necesarios para atribuir el calentamiento a la actividad humana en cada región. Según el estudio, los registros satelitales de los últimos 45 años ya permiten confirmar esta relación en la mayoría de las zonas.
Más allá de la ciencia, esta herramienta es útil para diseñar estrategias de adaptación a los efectos del cambio climático y para respaldar argumentos en disputas legales relacionadas con responsabilidades ambientales.
En definitiva, el estudio reafirma que el calentamiento global observado responde claramente a la acción humana y ofrece una metodología precisa para identificar y atribuir los cambios climáticos a nivel regional.