Una nueva investigación publicada en la revista Magallania sugiere que los mares interiores y el estrecho de Magallanes funcionaban como rutas de movilidad para los nómadas marinos del pueblo kawésqar, en lugar de ser consideradas fronteras. Este estudio, liderado por la arqueóloga Dominique Legoupil, revela un sistema de ocupación que conectaba el seno Otway con el estrecho de Magallanes durante el siglo XVII.

Los hallazgos se basan en la comparación de dos yacimientos arqueológicos: Punta Baja, en el fiordo Silva Palma, y Batchelor, en la cuenca occidental del estrecho. A pesar de la distancia geográfica, ambos sitios eran nodos de una red de movilidad integrada.

La investigación destaca dos vías principales de conexión. La primera es el canal Jerónimo, que ha sido un vínculo natural entre las aguas interiores y el estrecho. La segunda son las rutas de porteo, donde las familias transportaban canoas a través de puentes terrestres, facilitando el acceso entre ecosistemas.

Los estudios también revelaron un uso compartido de la obsidiana verde, lo que indica un intercambio cultural y un conocimiento común de los recursos. Además, se encontraron objetos que sugieren interacciones con filibusteros, como monedas españolas y fragmentos de cobre, que apuntan a un contacto activo entre los pueblos indígenas y los navegantes europeos.

Las diferencias en la dieta entre los dos sitios reflejan las adaptaciones a sus entornos. En Punta Baja, predominan los restos de lobos marinos, mientras que en Batchelor, la dieta es más variada, incluyendo aves marinas y nutrias de río.

Cobertura elaborada por SUR365 a partir de información pública de La Prensa Austral.