El futbolista alemán Jamal Musiala, figura del Bayern Múnich, generó preocupación tras sufrir dos desmayos en partidos amistosos en un lapso de tres días. El jugador de 23 años explicó en sus redes sociales que estos episodios se deben a una disfunción neurológica conocida como crisis de ausencia.

Estas crisis consisten en breves desconexiones de la conciencia que suelen pasar desapercibidas y no presentan señales físicas evidentes ni consecuencias graves inmediatas. Musiala aclaró que está bajo tratamiento médico especializado y que no existen riesgos adicionales para su salud.

El primer episodio ocurrió al final del encuentro contra RB Leipzig, donde mostró signos de inestabilidad y fue asistido por un compañero. Tres días después, en otro amistoso frente a Heidenheim, repitió el cuadro y fue retirado del campo tras evidenciar aturdimiento. En ambos casos pudo abandonar la cancha por sus propios medios.

El mediocampista destacó el apoyo del club y su entorno, y manifestó optimismo respecto al tratamiento que recibe. También pidió respeto por su privacidad y que el tema se mantenga en un círculo reducido.

Qué son las crisis de ausencia

Las crisis de ausencia, también llamadas ausencias epilépticas o petit mal, son episodios breves de pérdida de conciencia que suelen durar menos de 15 segundos. Durante estos episodios, la persona parece mirar al vacío y detiene la actividad que realiza sin caídas ni lesiones. Tras la crisis, recupera rápidamente el estado de alerta sin recordar lo ocurrido.

Estos episodios se producen por una alteración temporal en la actividad eléctrica cerebral que interrumpe momentáneamente la conciencia. Aunque son más comunes en niños, pueden afectar a personas de cualquier edad y suelen tener un componente genético.

Los síntomas incluyen mirada fija, movimientos automáticos como chasquidos de labios o aleteo de párpados, y falta de respuesta a estímulos durante la crisis.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico se realiza mediante un electroencefalograma para detectar patrones característicos, complementado en ocasiones con estudios de imágenes y análisis de sangre. El tratamiento principal consiste en medicamentos anticonvulsivos que controlan los episodios.

En casos resistentes, se pueden considerar ajustes en la dieta o el estilo de vida. La mayoría de las personas con este trastorno llevan una vida normal, aunque deben tomar precauciones en actividades que requieran atención continua.

En el caso de Musiala, la condición no implica un riesgo mayor y le permite continuar su carrera deportiva bajo supervisión médica.