Los microplásticos, partículas de plástico menores a 5 milímetros, no solo afectan el medio ambiente sino que también están presentes en alimentos, bebidas y utensilios de uso cotidiano. Estos fragmentos pueden desprenderse de envases, tablas de cortar, botellas y otros recipientes plásticos, especialmente cuando se exponen a calor, desgaste o fricción.
En la cocina, acciones habituales como cortar, hervir o calentar alimentos en plástico aceleran la liberación de estas partículas, que ingresan al organismo principalmente por ingestión. Una revisión publicada en Environment International identificó a la cocina como un foco relevante de contaminación doméstica debido a la combinación de utensilios plásticos, altas temperaturas y contacto directo con alimentos.
Utensilios a evitar y alternativas
Entre los objetos que más liberan microplásticos se encuentran las tablas de cortar de plástico, que desprenden partículas durante el uso, variando según el material y el tipo de alimento. Estudios sugieren reemplazarlas por tablas de vidrio, acero inoxidable o madera, aunque las comparaciones entre materiales no son concluyentes.
Las sartenes y utensilios antiadherentes rayados o dañados también son una fuente importante de microplásticos, ya que su recubrimiento deteriorado puede liberar millones de partículas con el uso. Se recomienda cambiar estos utensilios por otros en buen estado o sin recubrimientos plásticos.
Además, botellas, recipientes para calentar alimentos, licuadoras y pavas plásticas pueden liberar partículas al abrirlos, batir hielo o someterlos a altas temperaturas.
Medidas para reducir la exposición
- Evitar calentar alimentos en recipientes plásticos, especialmente en microondas o con líquidos muy calientes.
- Reducir el consumo de agua embotellada en plástico, optando por agua filtrada cuando sea posible.
- Disminuir el uso de envoltorios plásticos y prestar atención a bolsitas de té con componentes plásticos.
- Preferir alimentos frescos o menos ultraprocesados para minimizar el contacto con plásticos durante la producción.
Si bien estas medidas no eliminan por completo la exposición a microplásticos, ayudan a reducir fuentes frecuentes mientras se continúa investigando sus efectos a largo plazo en la salud humana.