Durante el reciente eclipse solar total, uno de los momentos más destacados fue la aparición de las llamadas perlas de Baily, una cadena de puntos brillantes que se forman cuando la luz del Sol pasa a través de los valles irregulares en el borde de la Luna justo antes y después de la totalidad.

Este fenómeno fue descrito por primera vez en detalle por el astrónomo inglés Francis Baily en 1836. La irregularidad del relieve lunar, compuesto por montañas, cráteres y depresiones, permite que pequeños rayos de luz solar atraviesen ciertos puntos, generando estos destellos visibles durante unos segundos.

Cuando la Luna cubre casi por completo al Sol, solo la luz que se filtra por los puntos más bajos del perfil lunar es visible, formando una hilera de brillos conocida como perlas de Baily. En el momento en que queda un solo punto de luz, se produce el llamado anillo de diamante, que combina ese último destello con el resplandor de la corona solar.

Además de su valor estético, estas perlas son una herramienta importante para los astrónomos, ya que marcan con precisión el segundo y tercer contacto del eclipse, es decir, la entrada y salida de la fase de totalidad. Esto permite medir con exactitud los tiempos del fenómeno y ajustar modelos sobre el tamaño aparente del Sol y la topografía lunar.

La configuración de las perlas varía según la zona del relieve lunar que se alinea con el Sol y la posición del observador en la Tierra, por lo que cada eclipse presenta un patrón único. Su estudio contribuye a confirmar que la Luna es un cuerpo rocoso con accidentes geográficos, y no una superficie lisa.