La salud sexual ya no se mide solo por la ausencia de enfermedades o el uso de métodos anticonceptivos. Un modelo desarrollado por los terapeutas Douglas Braun-Harvey y Michael Vigorito propone seis principios concretos para evaluar el bienestar íntimo: consentimiento sostenido, equilibrio, protección, honestidad, valores compartidos y placer mutuo.

Estos principios funcionan de manera independiente pero interrelacionada, y surgieron del trabajo clínico con personas que enfrentaban dificultades para controlar sus comportamientos sexuales. Sin embargo, su aplicación es válida para cualquier persona que busque coherencia entre su vida sexual y sus valores.

Los seis principios del bienestar íntimo

  • Consentimiento sostenido: No basta con un "sí" inicial; el consentimiento debe mantenerse durante toda la experiencia. Presiones, miedo o ansiedad pueden fracturarlo, incluso si no se viola ninguna norma formal.
  • Equilibrio de poder: Ninguna parte debe beneficiarse a expensas de la otra. Se presta especial atención a asimetrías de poder, como diferencias de edad o dependencia económica, que pueden condicionar la genuinidad de los acuerdos.
  • Protección: La prevención de infecciones de transmisión sexual y embarazos no planificados es una responsabilidad compartida y parte de un acuerdo explícito entre las personas involucradas.
  • Honestidad: Se refiere a la comunicación sincera sobre deseos, límites y estado de la relación. La falta de honestidad puede erosionar la confianza y afectar la satisfacción sexual a largo plazo.
  • Valores compartidos: Implica establecer acuerdos sobre qué significa la sexualidad en la relación, incluyendo aspectos como exclusividad, frecuencia y exploración.
  • Placer mutuo: Considerado el principio más descuidado, sostiene que la vida sexual saludable debe incluir la satisfacción real de todas las partes involucradas.

Estudios recientes, como el cuestionario SHAPE de la Organización Mundial de la Salud, muestran que aunque la mayoría experimenta deseo y placer en sus encuentros sexuales, la satisfacción general es menor, lo que sugiere que factores más allá del momento influyen en el bienestar sexual.

Este enfoque integral permite identificar aspectos que no se reflejan en los indicadores tradicionales y promueve una visión más completa y saludable de la sexualidad.