Las protestas de investigadores, becarios y trabajadores del sistema científico en distintas regiones del país pusieron en el centro del debate la situación del financiamiento público a la ciencia. En un contexto de denuncias por recortes y deterioro en las condiciones para sostener proyectos, infraestructura y formación, la discusión se intensificó tras las declaraciones del presidente del CONICET, Daniel Salamone.
Salamone negó que exista un éxodo masivo de científicos y rechazó la caracterización de “cientificidio”. Afirmó que la mayoría de los que se fueron lo hicieron en la última etapa del gobierno anterior y defendió la gestión actual con cifras sobre becas, ingresos y proyectos. Destacó el ingreso de 1.750 becarios en 2024 y proyectó 2.100 becas para 2026.
Respuesta de la comunidad científica
La Mesa Federal por la Ciencia y la Tecnología, junto con la Red de Autoridades de Institutos de Ciencia y Tecnología (RAICYT), cuestionaron duramente las declaraciones de Salamone, calificándolas como una provocación y una falta de contexto. Señalaron que el sistema atraviesa un abandono y un ataque, y que defender la ciencia es clave para el desarrollo y la soberanía nacional.
Advirtieron que la pérdida de capacidades estratégicas no se mide solo por la emigración internacional, sino también por la renuncia y el abandono del sistema científico dentro del país. Entre diciembre de 2023 y junio de 2026, el sistema perdió 6.400 puestos de trabajo, y en el CONICET hubo 377 bajas de investigadores de carrera, de las cuales 145 fueron renuncias. Además, se dieron de baja 2.549 becas en ese período.
También destacaron que los salarios de los investigadores sufrieron una caída real del 40% desde noviembre de 2023, lo que dificulta la retención del talento. La incorporación de nuevas generaciones también se ve afectada, con una disminución en los postulantes a la Carrera del Investigador y demoras en la incorporación de seleccionados.
Finalmente, la Mesa Federal planteó que la verdadera pregunta es por qué cada vez resulta más difícil para un científico argentino desarrollar una carrera digna en el país, y calificaron la situación como un “cientificidio”, responsabilizando a la conducción del CONICET.