En la Bienal de Venecia, varios países apostaron este año por la performance como forma de destacar sus pabellones, con artistas en escena que convocan a multitudes. Sin embargo, la logística, los costos y el desgaste físico de los intérpretes plantean un desafío para mantener estas obras durante los seis meses que dura el evento.
Desde la apertura en mayo, propuestas como las de Dries Verhoeven en el pabellón de los Países Bajos o Seaworld Venice de Florentina Holzinger en Austria, que incluye una intérprete desnuda flotando en un tanque de agua, han generado gran interés. También se destacan Miet Warlop de Bélgica y Ei Arakawa-Nash de Japón, todos vinculados al arte performático que ofrece experiencias en vivo y exige la presencia física del artista.
La duración prolongada de la Bienal implica preguntas sobre la capacidad de los intérpretes para sostener las funciones diarias y quién asume los costos, a diferencia de las exhibiciones visuales tradicionales que requieren solo personal de sala. Por ejemplo, el pabellón neerlandés realiza seis funciones diarias cinco días a la semana, con tres equipos rotativos y la presencia de un médico para cuidar a los artistas.
En contraste, Bélgica solo presenta funciones en fechas seleccionadas y debió cancelar algunas por imprevistos, reflejando la dificultad de financiar performances en vivo frente a obras estáticas. La experiencia en el pabellón neerlandés incluye una performance en la oscuridad con canto gutural que transmite mensajes de autoaceptación, generando reacciones diversas entre los visitantes.
Austria, con su propuesta en los baños conectados a un sistema de filtrado, también ha generado debate y muestra cierto desgaste en la artista al prolongar la intervención. Japón, por su parte, ha incorporado la participación del público para aliviar la carga de los intérpretes, invitando a los visitantes a interactuar con objetos y acceder a poemas mediante códigos QR.
Algunos países optaron por no presentar performances en vivo, como Escocia, que exhibe una instalación inspirada en procesiones carnavalescas. La Bienal de Teatro y Danza de Venecia, que forma parte del mismo ciclo, ofrece espacios más adecuados para este tipo de expresiones.
Este año, Marina Abramovic es homenajeada con una exposición en la Gallerie dell’Accademia, aunque sin performances en vivo, presentándose mediante un avatar digital que genera desconcierto. La artista, reconocida por su resistencia física en obras anteriores, parece aquí evadir la presencia directa, lo que evidencia la importancia insustituible del cuerpo en la performance.