La isla de Mallorca, en las Islas Baleares, se encuentra ante un dilema crucial para preservar sus acuíferos afectados por el estrés hídrico. Las autoridades y expertos analizan dos alternativas principales: plantar un millón de árboles para mejorar la recarga natural de agua o construir una nueva planta desalinizadora que aumente el suministro de agua potable.

Este debate refleja la creciente preocupación por la escasez de agua en la región, que afecta tanto al medio ambiente como a la población local. La decisión tendrá un impacto significativo en la gestión sostenible de los recursos hídricos de la isla.