Investigadores de Estados Unidos y Reino Unido lograron avances significativos en la edición genética de embriones humanos mediante una técnica llamada edición de bases, que permite modificar el ADN con mayor precisión y menos daños que métodos anteriores.
Esta tecnología actúa como un corrector ortográfico, cambiando letras específicas del ADN sin cortar ambas cadenas de la molécula, lo que reduce riesgos asociados a herramientas como CRISPR-Cas9, que pueden generar alteraciones cromosómicas no deseadas.
Estudios recientes
Un equipo de la Universidad de Cambridge, liderado por Kathy Niakan, utilizó esta técnica para desactivar el gen NANOG, implicado en la formación de células que originan el cuerpo del futuro organismo. Por su parte, investigadores de la Universidad de Columbia, bajo la dirección de Dietrich Egli, modificaron genes relacionados con el control del colesterol y la hemoglobina fetal.
Los experimentos se realizaron con embriones donados tras tratamientos de fertilización in vitro y mostraron una reducción de anomalías cromosómicas graves en comparación con métodos que requieren cortes en el ADN.
Riesgos y debates éticos
A pesar de estos avances, la edición genética en embriones humanos enfrenta desafíos importantes, como el mosaicismo —cuando la modificación no ocurre en todas las células— y los efectos off-target, que implican cambios accidentales en otras regiones del genoma.
Estas alteraciones podrían transmitirse a futuras generaciones, por lo que en muchos países está prohibido usar embriones modificados genéticamente con fines reproductivos.
Además, el debate ético se extiende a la posibilidad de que esta tecnología se utilice no solo para prevenir enfermedades hereditarias graves, sino también para modificar características consideradas deseables, lo que plantea preocupaciones sobre los llamados "bebés de diseño".
Actualmente, la edición de bases sigue siendo una herramienta de investigación y aún falta mucho para que pueda aplicarse de forma segura en la reproducción humana.