Este domingo comenzó formalmente la campaña presidencial en Brasil, con una contienda marcada por la polarización entre el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
Los últimos sondeos muestran una diferencia mínima entre ambos candidatos, con Lula levemente adelante. Según una encuesta de Quaest, Lula tiene un 43% de intención de voto frente al 40% de Flávio Bolsonaro en un eventual balotaje, un margen que está dentro del error estadístico y que indica un empate técnico.
Lula buscará un nuevo mandato apoyándose en los resultados de su gestión, como el crecimiento económico, la reducción del desempleo y la mejora en indicadores de ingresos, además de defender la soberanía brasileña frente a presiones externas. El presidente inició su campaña en São Bernardo do Campo, lugar emblemático de su trayectoria sindical y política.
Por su parte, Flávio Bolsonaro realizó su primer acto de campaña en Copacabana, intentando capitalizar el legado político de su padre, quien está inhabilitado para competir tras ser condenado y detenido por su implicación en el intento de golpe de Estado. El senador promueve una reducción del Estado, una relación cercana con Estados Unidos y una política más dura contra el crimen organizado.
La derecha brasileña enfrenta una interna debido a la ausencia de Jair Bolsonaro, con otros dirigentes como Renan Santos, Ronaldo Caiado y Romeu Zema intentando posicionarse, aunque sin lograr acercarse a los dos principales candidatos.
El escenario político también está tensionado por cuestiones internacionales, con críticas del gobierno de Lula a medidas comerciales de Estados Unidos y roces con Argentina, donde el presidente Javier Milei cuestionó a Lula durante la presentación de Flávio Bolsonaro como candidato del Partido Liberal.
En definitiva, la campaña electoral brasileña se presenta con una competencia muy ajustada entre Lula y Flávio Bolsonaro, que probablemente se definirá en una segunda vuelta en octubre.