Durante el siglo XVIII, el rey Fernando VI mantenía una rutina de caza que alcanzaba hasta diez animales por día, sin importar las condiciones climáticas. Esta práctica, registrada en la corte, ha dejado un legado que hoy los biólogos están utilizando para profundizar en estudios sobre la fauna y su evolución.

La información histórica sobre la caza en esa época proporciona datos valiosos que permiten a los científicos actuales analizar patrones poblacionales y cambios en los ecosistemas a lo largo del tiempo. Así, una actividad que en su momento fue parte del entretenimiento y la tradición real se transforma en una herramienta para la conservación y el conocimiento biológico.