Deivi y Winder Delfín, dos hermanos venezolanos de 15 y 17 años, vivieron una tragedia en junio cuando un terremoto derrumbó el edificio donde vivían en Venezuela. En ese desastre, perdieron a su madre y a su hermanito, cuyos cuerpos retiraron con sus propias manos después de 27 días.

Tras el sismo, la familia se mudó a Colombia en busca de un nuevo comienzo junto a su padre. Sin embargo, apenas tres días después de su llegada, un nuevo temblor sacudió la región, reviviendo el trauma para los adolescentes.

Los hermanos expresaron que sienten que los terremotos los persiguen, enfrentando una doble tragedia que marca sus vidas y pone en evidencia la vulnerabilidad de las comunidades afectadas por estos fenómenos naturales en la región.