En los últimos años, se ha observado una tendencia creciente entre los jóvenes que prefieren usar medicamentos para la ansiedad en lugar de consumir alcohol durante las fiestas y encuentros sociales. Esta práctica, que algunos denominan "la generación sobria", refleja un cambio en las formas de buscar sensaciones de euforia y relajación.
Estos medicamentos, originalmente diseñados para tratar trastornos de ansiedad, son utilizados por algunos jóvenes para alcanzar un estado de "ebriedad" alternativo. Este fenómeno plantea debates sobre los riesgos y las motivaciones detrás de esta conducta, así como sobre la necesidad de abordar la salud mental y el consumo responsable de sustancias en la juventud.