El Ministerio de Defensa de Ucrania informó que aproximadamente el 90% de los objetivos destruidos en el conflicto actual son resultado de la acción de drones, evidenciando un cambio profundo en la manera de hacer la guerra desde la invasión rusa.

En este contexto, los nuevos paracaidistas ucranianos completan rigurosos entrenamientos, aunque muchos saben que probablemente no realizarán saltos en combate real. Axel, un instructor de 24 años, explicó que el despliegue aéreo de tropas con paracaídas no es práctico debido a que los recursos enemigos pueden neutralizarlos rápidamente.

La guerra moderna está marcada por el dominio de drones en el aire y robots terrestres que asumen tareas de combate y logística, desplazando la tradicional imagen de la infantería y los combates aéreos con aviones tripulados. Los jóvenes paracaidistas se destinan principalmente a mantener posiciones defensivas y frenar el avance ruso.

Roman Kulievych, oficial joven, señaló que los saltos tras las líneas enemigas “no son prácticos”, aunque la tradición se mantiene por su valor formativo y psicológico. Axel destacó que el entrenamiento con paracaídas sirve para preparar a los soldados para situaciones de estrés y enfrentar sus miedos.

El proceso para obtener la boina incluye una marcha forzada por terrenos difíciles bajo explosiones simuladas y combates cuerpo a cuerpo con paracaidistas experimentados. Karyi, uno de los novatos, valoró esta experiencia como fundamental para fortalecer la motivación y la capacidad de reacción en situaciones críticas.

El principal temor en el frente no es la infantería enemiga, sino la constante vigilancia de drones operados a distancia. La presión psicológica por la falta de rotaciones, escasez de alimentos y el miedo a ser detectados hace que la preparación mental sea esencial.

A pesar del avance tecnológico, los instructores insisten en la relevancia de la formación clásica. Karyi expresó su deseo de que la inteligencia artificial pueda ganar guerras, pero reconoció que la tecnología tiene límites y que el factor humano sigue siendo insustituible.

Durante un entrenamiento, una alarma de ataque aéreo interrumpió la rutina, y el comandante, con tono paternal, bromeó con sus soldados para mantener la moral. La camaradería se refleja en intercambios como el de un paracaidista que afirmó que “la suerte es para los perdedores; lo que importa es la habilidad y el coraje”.

Yuriy, un veterano instructor, reflexionó sobre el futuro de la guerra y la posible predominancia de expertos en tecnología, pero remarcó que un territorio solo está controlado cuando hay personas presentes, no robots. Karyi coincidió en que detrás de toda tecnología debe haber un ser humano capacitado.

La guerra en Ucrania redefine el perfil del soldado y las amenazas en el campo de batalla, pero la convicción sobre la importancia del factor humano persiste entre quienes se preparan para defender su país.