El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) de Guatemala informó que los retumbos reportados por vecinos de Hacienda Real, en la zona 16 de Ciudad de Guatemala, no se deben a un sismo tectónico sino a un proceso de deformación o reacomodamiento del suelo.

Tras instalar un sensor para medir vibraciones, el monitoreo de 24 horas no registró movimientos vinculados a eventos locales. El informe técnico enviado a la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) y a la Alcaldía Auxiliar de la zona 16 señala que no se encontraron evidencias concluyentes de cavidades significativas ni movimientos en masa recientes, descartando riesgos inmediatos como cavernas.

Los movimientos detectados inicialmente fueron clasificados como un sismo local de magnitud 2.8, pero luego se determinó que no tenían origen tectónico. Durante la inspección, se utilizó radar de penetración terrestre que reveló una anomalía entre 1,4 y 2,4 metros de profundidad, aunque sin poder establecer su naturaleza con certeza. Se detectó humedad superficial y rellenos sobre depósitos más compactos, condiciones vinculadas al proceso de deformación que explicaría los retumbos.

Además, sobrevuelos con dron identificaron movimientos en masa en las laderas de Cascadas de San Isidro y la Planta de Tratamiento de Hacienda Real, pero se concluyó que no son recientes debido a la vegetación desarrollada en esas zonas.

El mapa de amenaza por deslizamientos de la Conred indica que Hacienda Real no está directamente expuesto a deslizamientos, aunque su cercanía a pendientes moderadas a abruptas implica cierta amenaza. El Insivumeh destacó que el área está influenciada por sistemas de fallas asociados al contexto tectónico local, factores relevantes para la evolución del terreno y la respuesta ante erosión e inestabilidad.

La Conred solicitó mantener el monitoreo permanente, socializar planes de respuesta con la población y revisar rutas de evacuación. El Insivumeh recomendó seguimiento periódico de grietas y asentamientos, y evaluaciones específicas de las laderas para detectar nuevas fracturas o incrementos en la deformación. En caso de avances en agrietamientos o asentamientos, será necesario realizar estudios adicionales para determinar con mayor detalle la evolución del terreno.